viernes, 20 de mayo de 2016

EVA. Creación de valor añadido.

Hola de nuevo, mis queridos lecor@s de El Rincón del Sueko. La entrada de hoy vuelve a ser de corte financiero. Vamos a hablar de la creación de valor añadido para los accionistas.

El EVA (Economic Value Aded) o Valor Económico añadido es un índice financiero que incorpora el cálculo del coste de los recursos propios, proporcionando una medida de la rentabilidad de una empresa como el resultado del beneficio neto después de impuestos menos el correspondiente cargo por el coste de oportunidad de todo el capital que se encuentra invertido en la compañía.
Se define como el coste de los recursos propios de la empresa como el mínimo retorno exigido por los accionistas como retribución por mantener su dinero en esa compañía y no en otra.
Este índice de rentabilidad "real" se ha convertido en una pieza clave de análisis para muchos inversores, analistas financieros y grandes corporaciones, ya que proporciona un sistema de medida de la salud financiera de la empresa que tiene una alta correlación con la creación de riqueza para el accionista: su mejora implica, en un mayor o menor plazo, una subida de la cotización de las acciones de la empresa. De hecho, en un reciente artículo, la revista Fortune calificó a EVA como "una nueva forma de identificar gangas".

¿Cómo surge?

El concepto EVA nació en el seno de la consultora neoyorquina Stern Stewart & Co, en 1983, en respuesta a la cuestión de cómo orientar el conjunto de una organización hacia la creación de valor añadido. Según sus creadores, con los sistemas de contabilidad tradicional muchas compañías parecen prósperas cuando en realidad no lo son, ya que su beneficio contable no supera el coste del capital invertido. De esta forma se destruye la riqueza de los inversores.

El concepto EVA trata de incorporar la idea de coste de oportunidad a la noción tradicional de beneficio contable, dejando patente el hecho de que si una empresa no produce el dinero que los inversores esperan recibir se origina la llamada desintermediación económica, el camino más seguro hacia el fracaso financiero.

¿Cómo y dónde se aplica?

A primera vista EVA puede parecer tan sólo un indicador económico más de los muchos que ya existen. En realidad, el interés de su aplicación se deriva de los cambios internos que produce trabajar con este sistema, que van desde una nueva manera de entender la empresa como algo propio para todos los integrantes de la misma, hasta nuevos sistemas de retribución orientados a recompesar la creación de valor, pasando por cambios en los sistemas contables.

Esquemáticamente, los cambios que deben realizarse para poder trabajar con el EVA son de tres tipos:

  • orientar la empresa hacia la mejora continua de valor 
  • implantar entre los empleados la llamada "cultura de posesión" 
  • rediseñar el sistema interno de control, incorporando el coste del capital en la toma de decisiones. 
Evidentemente, para empezar a trabajar con esta filosofía de valor añadido debe determinarse en primer lugar el coste de los recursos propios de la empresa, es decir, de la inversión de los accionistas en la misma. Se suele tomar como referencia la rentabilidad de una inversión con riesgo nulo -por ejemplo, los bonos del tesoro- y a partir de ahí se establece una prima de riesgo, que es variable dependiendo del tipo de actividad y sector en que la empresa opere. En cualquier caso, la experiencia muestra que cualquier empresa debe generar un interés mínimo para sus accionistas que sea un 6% superior al de la mejor inversión alternativa libre de riesgo.

Asimismo, en la medida en que hay una relación directa entre riesgo y rentabilidad esperada, se debe llevar a cabo una clasificación de empresas según nivel de riesgo implícito, con lo que se obtiene un ranking orientativo para inversores actuales y potenciales. Esta ordenación creciente del riesgo varía entre países y sectores. A título orientativo y con los datos que se poseen hasta la fecha, el espectro de riesgo por sectores tendría su nivel mínimo en compañías en el sector servicios y alimentario, y su nivel máximo en compañías en negocios con carácter cíclico y relacionadas con la biotecnología.

Este procedimiento para calcular el coste de los recursos propios tiene las ventajas de su sencillez y enfoque intuitivo y práctico, pero el serio inconveniente de su excesiva simplicidad. Conviene, pues, precisar los siguientes puntos:

  • es correcto señalar que el coste de los recursos propios de una empresa coincide conceptualmente con la retribución esperada por los accionistas por el dinero invertido en la empresa
  • la clave para determinar este coste consiste en establecer el tipo de retribución que esperan esos accionistas
  • si los accionistas basan sus expectativas de retribución en el cobro de dividendos, la manera correcta de aproximar el coste de los recursos propios es emplear el enfoque propuesto por Gordon&Shapiro; 
  • si, por el contrario, la retribución esperada se fundamenta en futuras rentabilidades vía incremento de cotización, el coste de los recursos propios debe aproximarse empleando las herramientas que proporcionan los modelos basados en la valoración de activos. 

En cualquier caso, es importante distinguir entre este coste de los recursos propios así calculado y el llamado coste de capital que representa el coste del Pasivo de la empresa, y que se emplea como tasa de descuento para actualizar los flujos de caja de un proyecto de inversión.

La "cultura de posesión" implica conseguir que todos los trabajadores de la empresa se consideren propietarios de la misma lo que, entre otras consecuencias, debe suponer que al gastar el dinero de la compañía piensen en él como si fuera propio.



Finalmente, el sistema de incentivos como parte del sistema interno de control es un elemento clave para la implantación de esta mentalidad entre los empleados. En efecto, el nuevo sistema de incentivos debe recompensar la creación de valor y castigar su destrucción, debe ser de aplicación universal en toda la empresa y no debe tener límites en cuanto a las bonificaciones que se pueden conseguir.

Junto con el EVA, el MVA (Market Value Added) es otra medida diseñada por Stern Stewart. Indica la diferencia entre el valor de mercado de los capitales empleados en la empresa y el valor contable de los mismos, entendiendo por capital empleado la suma de los recursos propios y la deuda bancaria.

Entre las corporaciones que han adoptado el sistema EVA hay que citar a Coca Cola y otras más de trescientas empresas en todo el mundo, desde los Estados Unidos, Inglaterra y Francia, a diversos países latinoamericanos, asiáticos y africanos. La revista Fortune publica cada año un ranking de 1.000 empresas norteamericanas clasificadas según su EVA y MVA.

Conclusiones.

Los objetivos fundamentales que se persiguen con la implantación de este sistema son tres:

  • mejorar la eficacia
  • crecimiento de la empresa por medio de la creación continua de valor económico
  • racionalización del capital

EVA y MVA son dos indicadores altamente relacionados. Mientras el primero proporciona información muy útil para los "stockholders" de una compañía, el segundo es un criterio muy valioso para conocer la marcha de la empresa desde el exterior, especialmente para posibles nuevos inversores.

En la medida en que arrojan luz sobre el valor que la dirección de una empresa ha añadido a los recursos procedentes de los inversores, ambos indicadores son una referencia válida para evaluar la incidencia a largo plazo de la estrategia corporativa.

Como siempre, os dejo un interesante vídeo que nos explica este concepto: el EVA:



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