domingo, 26 de abril de 2015

La Teoría X y Teoría Y de Douglas McGregor

Hola a mis querid@s lectores de El Rincón del Sueko. El post que os presento hoy es un tanto espinoso: la relación jefe / subordinado en una empresa.

En este sentido la satisfacción laboral del trabajador puede marcar en gran manera su actitud frente al trabajo y su actitud puede venir, en muchas ocasiones, condicionadas por la forma en que se relacione con su superior y viceversa.

Todos somos conscientes que el nivel de satisfacción laboral depende de diversos factores como pueden ser:

  • el reconocimiento personal
  • el ambiente de trabajo
  • el nivel salarial
  • seguridad en el trabajo
  • formación de los trabajadores por parte de la empresa
  • condiciones de trabajo adecuadas, es decir, instalaciones, horarios, medidas de seguridad apropiadas...

Hacia fines de la década de 1950, los expertos en administración comenzaron a darle una creciente importancia al estudio de la forma en que el contexto emocional del ambiente laboral influye como factor de motivación. Las investigaciones hasta entonces realizadas sugerían que ni el dinero ni las condiciones de trabajo, así como tampoco el castigo, operaban como incentivos constantes. El profesor Douglas McGregor, entonces en el Massachussetts Institute of Technology, propuso que las actitudes hacia los empleados, y el consecuente tratamiento que se deriva de ellas, podían influir en el desempeño.

 

En sus planteamientos, que se desarrollaron en dicha institución y se describieron en su obra El lado humano de las organizaciones, sostenía que las dos diferentes tendencias que prevalecen en la administración provienen de dos distintas suposiciones acerca de la conducta de las personas. Denominó a estas suposiciones como la Teoría X y la Teoría Y:

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Si bien McGregor fue imparcial en la presentación de los conjuntos de suposiciones, su argumentación y su esperanza en torno a una mayor satisfacción laboral, tanto del subordinado como del superior, se ubican en la Teoría Y.

Los expertos en administración han analizado los pros y los contras de ambos planteamientos desde que McGregor los propuso por primera vez. No obstante, desde el punto de vista práctico, a los gerentes no les interesa saber qué teoría sobre la naturaleza humana es la "correcta", sino cuál les favorece más en sus respectivas situaciones.

El Dr. Robert N. McMurray, asesor de empresas, defendió así la Teoría X en un artículo que apareció en la revista Business Management: parece que no se alcanzara a comprender que... las así llamadas víctimas de la Teoría X pueden gozar de su servidumbre; que la estructura rígida no es un cautiverio, es un apoyo..." Otros sostienen que la Teoría Y se adapta mejor al mundo actual; entre los que comparten esta opinión se encuentra Peter Drucker, que en su obra Management: Tasks, Responsablities, Practices escribió :  "la aplicación tradicional de la Teoría X en la práctica administrativa, es decir, el método del garrote y la zanahoria, ya no funciona".

En cada caso personal se puede evaluar las ventajas y desventajas de cada planteamiento; además, es posible desarrollar un efectivo estilo de administración a partir de elementos de ambas teorías.

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En ese sentido, otros autores dan diferentes consejos:

  • Menor nivel de supervisión y observar las reacciones del personal.
  • Asignar a un empleado mediocre y sin iniciativa una tarea que pueda efectuar de la manera que juzgue más adecuada presentándola de forma atractiva e interesante.
  • Delegar. Conceder a los empleados mayor responsabilidades en sus tareas y estimularlos para que tomen sus propias decisiones.


Conclusiones.

La gente se comporta tal y como se le trata. Y la forma de tratar a las personas está provocada por lo que se espera de ellas. Si soy un directivo de teoría X, tendré empleados X; si soy un directivo de pensamiento Y, mis empleados serán Y.

Las teorías X e Y son aplicables en todos los órdenes de la vida. En la familia, en el círculo de amigos, entre los vecinos, en el bar de la esquina, en la parroquia o en la comunidad cristiana.

Si pienso X de una persona, ésta terminará comportándose como X para mí. Si alguien no me cae bien, tampoco le caeré yo bien al otro. Los desamores resultan recíprocos. Y también la simpatía, la conexión, el entendimiento.

Nuestro verdadero pensamiento se trasluce, aunque tratemos de disimularlo con palabras. Nos delata quizás la comunicación no verbal, la gestual, la mirada que es espejo del alma. Somos muy trasparentes y con sólo el pensamiento somos capaces de provocar reacciones en el otro.

Si en el fondo desconfío del comportamiento de una persona, le estaré quitando razones para actuar de manera distinta. Cría fama y échate a dormir, para lo malo sobre todo porque otra cosa va a ser inútil. Si por el contrario, confío en alguien, plenamente, sin reservas ni reticencias, le estoy obligando a no defraudarme, a cubrir mis expectativas. Se hace cuesta arriba robar a quien te deja la llave de su casa.

No es infrecuente que una misma persona merezca una opinión favorable de una persona y desfavorable por parte de otra. Y que ambas tengan razón y aporten experiencias vividas que demuestran inequívocamente sus contrapuestas opiniones. Actuamos según se espera de nosotros.

De igual forma, con frecuencia, somos X para unas personas y somos Y para otras. Y nos cuesta cambiar de opinión y actitud, ya lo hemos dicho. Afortunadamente, en el privilegiado entorno de una familia bien avenida, unos y otros, todos son Y.



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